Palmas para nadie

Capítulo 1

¿Quién vende y quién compra?

EL GRUPO EMPRESARIAL MELKA, INVESTIGADO POR LA DEFORESTACIÓN MASIVA EN LA AMAZONIA, ABASTECE DE PALMA A EMPRESAS FORMALES QUE DICEN DEFENDER EL MEDIO AMBIENTE

Por Milagros Salazar Herrera
Videos y Fotos: Marta Portocarrero y Laím Chamorro

Convoca.pe

“¿Sabes cuál es la planta que más consume el hombre?”, pregunta el ingeniero industrial Rubén Meléndez Rossel con la perspicacia de un profesor que siempre cree tener todas las respuestas correctas. Abre sus ojos pequeños y levanta las cejas: “El aceite de palma. Está en el 50 por ciento de todos los productos alimenticios que consumimos, en productos que ni siquiera imaginas y que comes todos los días”. Panes, galletas, yogurt, cereales. Meléndez Rossel es el gerente general de Oleaginosas Amazónicas (Olamsa), la empresa que administra la planta extractora de aceite de palma más importante en Ucayali, la región con mayor crecimiento de extensiones de palma en el Perú. Meléndez alimenta la profecía de que el incremento de producción de este cultivo será “monstruoso” y que va camino a convertirse en el cultivo símbolo de la Amazonía peruana.

Pero esa aún es una proyección entusiasta: menos del 40 por ciento de las grasas y aceites que consume el Perú proviene de la producción nacional de aceite de palma. El resto principalmente del aceite de soya que generan otras naciones como Argentina. “Si le compras aceite de soya a otros países le das trabajo a gente de otros lados. Hay fuga de divisas y eso no nos conviene, ¿estás de acuerdo conmigo?”, pregunta el ingeniero mientras un olor a fruta podrida impregna la planta extractora de aceite más antigua de Olamsa, ubicada en el kilómetro 59.8 de la carretera Federico Basadre, en la comunidad de Neshuya. La planta opera a solo una hora de Pucallpa, la capital de Ucayali.

Son las 5 y 42 de la tarde del 17 de abril de 2018. El olor nauseabundo es más intenso. Provoca vomitar. En la parte trasera de la planta, unas pozas que lucen como piscinas cubiertas con un manto de plástico, contienen microorganismos que devoran residuos de la palma que escupe la planta durante la producción del aceite. En cada poza, se busca eliminar los residuos para purificar el agua que se usa en el proceso. El ingeniero Meléndez Rossel promete lograr que al final del circuito de las pozas habrá agua lo suficientemente tratada como para criar paiches gordos y saludables. Y que otra parte del proceso servirá para generar energía eléctrica que podrá vender para hacer sostenible los negocios de Olamsa.

La producción de palma en el Perú fue promovida por los gobiernos de turno como un sustituto a la hoja de coca para combatir el narcotráfico. Los empresarios del sector aseguran que es respetuosa con el medio ambiente porque se cultiva en lugares abandonados por los agricultores migrantes y en las tierras de pastoreo. Pero hay un caso de deforestación masiva por producción de palma a gran escala en la Amazonía peruana que se ha convertido en la mancha negra que ensombrece los negocios de la industria: las operaciones ilegales de las empresas que fundó el empresario checo-estadounidense, Dennis Melka, acusado de deforestar más de 13 mil hectáreas de bosques en Ucayali y Loreto, además de usurpar tierras de agricultores.

Zona deforestada en Ucayali para cultivar palma aceitera a gran escala en manos del grupo Melka. Foto: Diego Pérez/Oxfam.

Sin autorizaciones y aprovechando los agujeros de las leyes peruanas, Melka y sus intermediarios compraron tierras en las regiones Loreto y Ucayali, con la complicidad de funcionarios de los gobiernos regionales que ahora son investigados por corrupción. Melka es conocido por su habilidad para instalar plantaciones de gran rentabilidad en países con regulaciones laxas como Malasia, el segundo productor de aceite de palma en el mundo. En el Perú, este empresario empezó a operar en 2010 con la creación de una red de compañías, tres de las cuales arrasaron bosques para cultivar palma, en Ucayali, y cacao, en Loreto. Debido a las investigaciones que enfrenta Melka y su entorno en el Ministerio Público, dos de las empresas fueron liquidadas en 2016 como estrategia comercial, pero las plantaciones de la deforestación quedaron intactas en manos de otros operadores: Ocho Sur P. en la localidad de Tibecocha y Ocho Sur U. en Bajo Rayal. Los fiscales han logrado que se detenga la deforestación, pero no la cosecha del fruto que creció en las tierras de los bosques arrasados. Un equipo de Convoca.pe registró que cada día salen camiones con este cargamento desde estas dos zonas en el distrito de Nueva Requena.

El 17 de abril, un camión amarillo de placa C3B-978 partió antes de las 3 de la tarde del caserío Tibecocha, en Ucayali, donde se ubican las plantaciones de Ocho Sur P. S.A.C., que heredó los cultivos de Plantaciones de Pucallpa, compañía fundada por Melka. El camión se desplazó con una carga de 10 toneladas hasta llegar a una balsa para cruzar el río Aguaytía. Siguió a 30 kilómetros por hora sobre la trocha que atraviesa Nueva Requena hasta llegar tres horas después al kilómetro 36.8 de la carretera Federico Basadre, en Campo Verde. Ahí, al promediar las 6 de la tarde, se abrió una puerta de madera. El camión ingresó lentamente con los últimos rayos de luz. Era una de las plantas extractoras de aceite de Olamsa, donde en pocas horas, los frutos de palma ingresarán al horno para arrojar unas dos toneladas de aceite crudo que será llevado a Lima para ser refinado y entrar al mercado de alimentos.

El 17 de abril, un camión amarillo de placa C3B-978 ingresó con un cargamento de frutos de palma a la planta extractora de aceite de Olamsa ubicada en el kilómetro 36.8 de la carretera Federico Basadre. Los frutos fueron cosechados en las zonas deforestadas de la compañía Ocho Sur P. S.A.C, Foto: Laím Chamorro.

Mientras tanto, el ingeniero Meléndez continúa hablando sobre la palma en la otra planta extractora de Olamsa. “Hay ‘tres patas’ para llevar al éxito a una empresa de palma: que sea ambientalmente amigable, socialmente aceptable y económicamente rentable. Lo estamos logrando”, apunta. Según él, su compañía solo compra a pequeños palmicultores que llegan con los frutos en furgones de apenas una tonelada. Hoy sabemos que no es verdad.

Días después, nos volvimos a encontrar en Lima, en el Congreso Nacional de Productores de Palma. “¿Ustedes le compran el fruto de palma a las empresas de Melka?”, preguntamos a Meléndez. “No sabemos a quiénes le puedan vender ellos. Entiendo que sus plantaciones recién están creciendo”, respondió. Olamsa tiene como socios a 700 pequeños palmicultores que, según Meléndez Rossel, abastecen el 50 por ciento de los frutos que procesan las dos plantas extractoras de aceite en Ucayali. El resto, asegura, provienen de otros pequeños agricultores no asociados con parcelas de 3 a 5 hectáreas. Entre esa categoría, se camufla la cosecha de las compañías del grupo Melka. Olamsa es una empresa que dice respetar el medio ambiente mientras hace negocios con un emporio acusado de deforestación masiva. Pero no es la única.

Sigue la ruta de los camiones con frutos de la deforestación

Elige cada ruta con un clic

La planta extractora de aceite de Oleginosas del Perú (Olpesa), la más grande del distrito de Tocache, en San Martín, que es capaz de procesar 30 toneladas de fruto por día, también lo hace. “¿Le compran frutos al grupo Melka?”, preguntamos a Jorge Luis Cobos, el jefe de planta de esa compañía. En medio del barullo del Congreso Nacional de Palmicultores, la respuesta de Cobos fue rotunda: “No”. Cinco días después, el miércoles 9 de mayo, corroboramos que mentía. Un camión con placa ADZ 972 salió con 30 toneladas de fruto de palma desde las plantaciones de la empresa Ocho Sur P. S.A.C en Tibecocha, Ucayali, vinculada a Melka, y llegó 48 horas más tarde a Tocache luego de dos noches de descanso en la penumbra de la carretera. Convoca.pe siguió y fotografió ese recorrido.

El viaje era una aventura típica de la geografía de la región. El camión siguió la misma ruta de salida: atravesó en balsa el río Aguaytía, se desplazó por la trocha de Nueva Requena balanceándose de un lado a otro hasta encontrar estabilidad en la carretera asfaltada Federico Basadre. Avanzó lentamente sobre esta vía que por muchos años estuvo cercada por caseríos tomados por el cultivo de hoja de coca y la extracción ilegal de madera. El camión atravesó pueblos de Ucayali, Huánuco y San Martín hasta llegar a la localidad de Villapalma, en Tocache, el viernes en la mañana en medio del olor a fruta podrida que emanaba de la planta extractora de Olpesa. El tiempo de viaje de Tibecocha a Villapalma de un camión con carga pesada, puede demorar cerca de 18 horas, con paradas incluidas. Pero este camión tardó más del doble: el chofer se detuvo en varios momentos para parchar una de las llantas traseras del vehículo.



Los cargamentos de palma aceitera que provienen de las zonas deforestadas del grupo Melka se han intensificado desde fines del año pasado, según los pobladores de Nueva Requena que ven pasar los camiones desde sus casas, testimonios de los choferes que llevan el fruto y los trabajadores que cosechan la palma. Las autoridades que investigan el caso en la Fiscalía contra el Crimen Organizado en Lima no han podido detener el vaivén de los camiones con frutos de la deforestación para ingresar al circuito legal a través de las plantas extractoras. Los fiscales persiguen solo el delito contra el medio ambiente, no lo que pasa después de consumado el hecho. No hay controles para supervisar la ruta de la palma.

El 11 de mayo un camión con placa ADZ con un cargamento de 30 toneladas de fruto de palma ingresó a la planta de aceite de Olamsa en Tocache proveniente de las operaciones de Ocho Sur P. en Tibecocha. Foto: Marta Portocarrero.

Los camiones con rumbo a Tocache salen en promedio una vez al mes debido a que el viaje es largo, narran los choferes que esperan con sus camiones al frente de la comisaría de Nueva Requena para ser llamados por la empresa para ingresar a las plantaciones. Pero los camiones “locales”, que transportan frutos hacia las plantas extractoras ubicadas a lo largo de la carretera Federico Basadre, se movilizan cada día cuando quema el sol, y la lluvia no estropea la trocha. El cargamento sale de las dos plantaciones de las empresas del grupo Melka en Ucayali: desde Tibechoca donde opera Ocho Sur P. y desde Bajo Rayal donde están las operaciones de Ocho Sur U. El camino es intrincado. Hasta los nombres de las empresas parecen creadas para despistar, para impedir que las recordemos.

El 17 de abril, registramos el viaje de dos camiones desde las dos plantaciones que tuvieron como destino la planta extractora Industrias Palm Óleo S.A.C., de Jorge Jaime Lau Yook. A pesar de que procesa solo 4 toneladas de fruto de palma por hora, esa compañía logró un incremento de capital millonario en solo cuatro años: de 10 mil soles en 2010 a casi 4 millones de soles en 2014. La planta de Industrias Palm Óleo S.A.C. está ubicada irónicamente al lado del penal de Pucallpa, en el kilómetro 12 de la carretera Federico Basadre. En esta historia, lo lícito y lo ilegal siguen la misma ruta.

1. Plantaciones de palma aceitera de Ocho Sur U. en Ucayali. Foto: Milagros Salazar.
2. Plantaciones de palma en Ucayali para estudios científicos del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA).
Foto: Marta Portocarrero.

Las empresas Olamsa y Olpesa que también compran los frutos a las compañías del grupo Melka son miembros de la llamada Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO por sus siglas en inglés), que certifica a las compañías como amigables con el medio ambiente. Francisco Naranjo, representante de la RSPO para América Latina aseguró a Convoca.pe que Olamsa y Olpesa aún no han sido auditadas para verificar si cumplen con los estándares de la organización. Queda claro que en realidad hacen lo contrario: comprar los frutos de palma sembrada en los bosques depredados por el grupo Melka.

Esta historia continuará.